La división del laberinto. Estudios sobre la narrativa fantástica peruana contemporánea (1980-2015).
Elton Honores Vásquez.
Lima: Polisemia, 2017, 192 pp.

Dentro de la tradición narrativa peruana (léase cuento y novela), se ha privilegiado el tratamiento de temas con una fuerte impronta realista. Sin embargo, este registro, a pesar de poseer el grueso de atención por parte de la crítica, no es el único que se ha desarrollado dentro de la literatura peruana. Así lo demuestra ―aunque en verdad lo ratifica― Elton Honores en La división del laberinto (2017), libro que se compone de diez trabajos académicos bajo un gran eje articulador: la literatura fantástica y, dentro de esta, el tratamiento del terror, horror, ciencia ficción e, incluso, una valiosa aparición de dos personajes pertenecientes al imaginario occidental: el vampiro y el zombi. El bloque temporal que elige Honores abarca treinta y cinco años.

El primer trabajo se titula “Narrativas del caos: un ensayo sobre la narrativa de lo imposible en el Perú contemporáneo” y se halla dividido en cinco partes. En la primera, Honores expone lo que considera como narrativa de lo imposible confrontándola con aquella de raigambre realista social (como una suerte de centro gravitante dentro de la tradición). De esta manera, el autor busca poder institucionalizar la narrativa fantástica, que se ha visto siempre relegada y situada al margen. Además, considera a esta narrativa de lo imposible como “invasora del campo cultural local (…). Invasoras del canon, invasoras del realismo mimético verosímil” (p. 12). En el siguiente apartado, el investigador sanmarquino establece, con criterio, algunos parámetros (códigos) para comprender esta narrativa. Se vale del binomio dicotómico caos-orden para condensar su idea, pero teniendo en cuenta que dentro de ese caos o inestabilidad no solo se encuentran elementos contrafácticos, sino también de naturaleza mimética-verosímil. El tercer apartado, en cambio, se refiere a las cualidades de lo imposible, así como a la concepción subjetiva y elástica del tiempo al interior del universo representado, toda vez que lo imposible “trata sobre lo impredecible, lo indeterminado y lo contingente” (p. 20). El cuarto bloque es una lista de doce autores peruanos cuyas obras se remiten a lo fantástico. Considero importante el apartado “IV”, puesto que Honores no solo se centra en escritores nacidos en la capital, sino también en aquellos que residen y escriben desde provincias; asimismo, nos brinda una apreciación minuciosa de algunos de sus textos más importantes. La última parte de este largo ensayo corresponde a la propuesta que esboza sobre los ejes que vertebran lo imposible: relato fantástico clásico, relato fantástico popular, relato fantástico humorístico, microrrelato fantástico, relato de ciencia ficción, relato fantástico lírico-experimental y relato fantástico atemporal.

El segundo trabajo lleva por título “Realidades alternas: el conflicto armado interno visto desde códigos no miméticos (1986-2005)”, y, como bien lo menciona Honores, se trata de proponer “un corpus de textos alejados del registro mimético-realista” (p. 51). Dividido en cuatro partes, el autor aborda, en la primera, títulos como La noche de Morgana y los cuentos “Cáucaso” y “El dinosaurio”, textos que le permiten aseverar las diferentes maneras en que un periodo tan cruento para el país se simbolice en tinieblas, agresores invisibles, transformaciones de espacio e, incluso, metáforas del terror; en la segunda, en cambio, se analizan Adiós, Ayacucho y Oprimidos y exprimidos, donde se identifican, a través de una lectura atenta, el manejo de la parodia y el humor negro; en la tercera, el foco de atención se fija en La fabulosa máquina del sueño, donde, a través de planos superpuestos y la metáfora de la máquina y de los niños, la ciencia ficción cobra vigor. Así, se sostiene la existencia de una “crisis de la racionalidad, y del logos” (p. 66). Finalmente, el autor arguye y defiende la idea de no considerar a los textos literarios como documentos sociológicos, sino como “construcciones ficcionales” (p. 68).

El tercero es “Ortodoxos y heterodoxos: hacia un panorama de la narrativa fantástica peruana contemporánea (1980-2010) desde el sistema literario”. Gracias a una división tripartita (teniendo en cuenta la cronología), se rastrean los orígenes de la irrupción de lo fantástico; asimismo, se trata de encontrar la crisis del realismo como un programa monológico imperante. En un primer momento, el autor de La racionalidad deshumanizante contrapone las ideas vertidas por Antonio Cornejo Polar y Luis Fernando Vidal frente a las de Guillermo Niño de Guzmán, dado que, mientras los primeros prefieren “un tipo específico de narración: el realismo social” (p. 79), Niño de Guzmán no invisibiliza a lo fantástico de una manera tan castrante como la de aquellos. En segunda instancia, Honores se enfoca en el terror, el horror y la ciencia ficción, estableciendo algunas características de los textos que manejan dichos códigos: por ejemplo, la ausencia de un compromiso social, es decir, el volcamiento de lo colectivo a lo individual (personal y subjetivo) o la no creencia en la idea de “novela total”. De esta manera, pues, los distintos escritores que pululan dentro de este ámbito relegado, a través de sus obras y el cambio de época, desestabilizarán “el paradigma del realismo social dominante” (p. 85). En un tercer momento, que abarca el año 2000 en adelante, Honores propone que este periodo se halla influenciado por la cultura de masas. Finalmente, se esboza una taxonomía en torno a la novela y el cuento, ambos dentro de los códigos de lo fantástico, así como brindar un listado de autores comprendidos entre 1980 y la actualidad y, por último, explicar cuál es el contexto en el que surgen estas nuevas ficciones fantásticas, donde lo virtual será crucial.

El cuarto se titula “Monstruos de papel: la ‘nueva ola’ del horror peruano”, donde el autor menciona que “Las olas suponen pues rupturas, pero no necesariamente una secuencialidad ni clausura de las ‘olas’ anteriores” (p. 108). Aquí estudia a autores como Lucio Colonna-Preti y Carlos Carrillo y textos como Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki, entre otros. Ello lo autoriza para afirmar que tanto el terror, el horror y la ciencia ficción se encuentran abriendo campos, pero no clausurando uno que se ha legitimado e institucionalizado dentro de la tradición narrativa peruana: el realista. En tal sentido, lo que Honores menciona es la convivencia y el diálogo de ambos planos ficcionales. Finalmente, dedica un apartado a la colección Sobrenatural, impulsada por escritores peruanos en el diario Correo.

El quinto trabajo es “Zombis en Lima o el paroxismo en el fin de los tiempos”. En él, se menciona la idea de “los remakes de obras clásicas con elementos sobrenaturales” (p. 121), rotulándolos luego de “híbridos”. Del mismo modo, se rastrea al zombi, en primer lugar, dentro del cine, viajando a través de soportes audiovisuales y su anclaje en literatura de terror. Pasa, luego, a compararse con el vampiro y de inmediato se aterriza a dicho personaje en el contexto peruano, donde, según Honores, “el caso más antiguo data de 2009” (p. 125), y es pergeñada gracias a una plataforma virtual y a manera de entregas. La lista de escritores que incluye al zombi dentro de sus diégesis es mucho más corta que las anteriores, donde la figura de dicho personaje es “alimentada por la cultura de masas norteamericana” (p. 138).

El sexto ensayo se titula “El espacio como amenaza: Lima, ciudad inestable y subterránea”, donde se repara en dos autores de la denominada Generación del 50: Ribeyro y Congrains, quienes se encargan de configurar a la ciudad de Lima como una entidad monstruosa y preñada de atavismos disfóricos. Honores presta atención a las “fauces” aludidas por Ribeyro en su cuento “Los gallinazos sin plumas” y a “la bestia de un millón de cabezas”, creada por Congrains. En tal sentido, el autor afirma que “La ciudad monstruo (…) es una ciudad que crece desmedidamente y se construye también como laberinto” (p. 142). El crítico sanmarquino se vale de ambos escritores para poder conectar, con promociones de autores más contemporáneos, la visión de Lima como una entidad cambiante y resemantizada en clave fantástica.

En el sétimo y brevísimo trabajo “El acoso de lo imposible. De cómo la fantasía amenaza a Lima”, Honores atiende a un problema delicado en torno a lo que se gesta en las provincias, toda vez que en Lima se concentra el grueso de producciones. Asimismo, se hace alusión a la influencia y consolidación de la cultura de masas dentro de la nueva narrativa fantástica que se va construyendo, motivo por el que se presenta una lista ―aunque un tanto tímida― de autores.

En el octavo apartado, titulado “La fantasía atemporal en la narrativa fantástica peruana contemporánea”, se expone un breve acercamiento a lo que se considera como “fantasía atemporal”. Para Honores, esta no es sino “donde predomina el universo de lo épico al modo de las sagas de J. R. R. Tolkien” (p. 147). Explicado ello, se centra en la exposición de nombres tanto de obras como de autores que representan dicha acepción y llega a la conclusión de que hay dos grandes influencias: la saga de Star Wars y el anime japonés.

Por lo expuesto anteriormente, así como por el arduo trabajo de recopilación y rescate que Elton Honores realiza desde hace un poco más de dos decenios, el libro La división del laberinto. Estudios sobre la narrativa fantástica peruana contemporánea (1980-2015) se encarga de reafirmar el lugar de la literatura de cuño fantástico que la crítica monológica, inflexible y dogmática le ha negado. De otro lado, es un aporte necesario para la comunidad académica y extraacadémica, en tanto que permite la apertura al diálogo y al debate.

Por útlimo, en “Los que moran en las sombras”, el autor de Narrativas del caos, así como dedicó un trabajo al zombi, esta vez tiene en cuenta al vampiro como eje central de su investigación, encontrándolo representado en el siglo XIX y, posteriormente, en el cine. En el ámbito literario peruano, en cambio, este llega con el modernismo, es decir, en autores como Clemente Palma o Abraham Valdelomar, en cuyas obras, según Honores, “el vampiro aparecerá en su sentido más clásico” (p. 181). Luego de dicho periodo, a partir de los años 50 hasta los 90, el vampiro pierde dicho vigor y se le comienza a parodiar e, incluso, ridiculizar, sobre todo por escritores de la Generación del 50. No obstante, en los últimos decenios, se ha retomado la idea del vampiro como una entidad ficcional no solo asociada a significantes como “terror” o “miedo”, sino también con matices eróticos.

Por lo expuesto anteriormente, así como por el arduo trabajo de recopilación y rescate que Elton Honores realiza desde hace un poco más de dos decenios, el libro La división del laberinto. Estudios sobre la narrativa fantástica peruana contemporánea (1980-2015) se encarga de reafirmar el lugar de la literatura de cuño fantástico que la crítica monológica, inflexible y dogmática le ha negado. De otro lado, es un aporte necesario para la comunidad académica y extraacadémica, en tanto que permite la apertura al diálogo y al debate.

© Christian Martínez Arias
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Lima, Perú
eliasmartinezar@gmail.com