Diálogo de sordos en la crítica peruana.
Miguel Ángel Huamán Villavicencio.
Lima: Dedo crítico editores, 2017, 126 pp.

Miguel Ángel Huamán Villavicencio tiene más de treinta años dedicándose a la docencia superior en la UNMSM; es, quizás, uno de los docentes de literatura que más se ha interesado por cuestionarse sobre la naturaleza de la teoría y la crítica literarias en el Perú. En el presente libro, siete alumnos (además del profesor Huamán) se cuestionan en torno a la existencia real del diálogo dentro de los estudios literarios de nuestro país. Este texto resulta fundamental porque intenta problematizar sobre sucesos que no han sido tomados en cuenta como ejes de un discurso que busque entender los fenómenos que se engendran dentro de la producción de crítica y teoría literarias en el Perú.

El primer ensayo, escrito por Miguel Ángel Huamán y titulado “¿Narrativa andina o narrativa criolla? Los riesgos de las disyuntivas”, muestra su preocupación en torno a la publicación de un artículo periodístico donde germina una polémica sobre la narrativa andina que, en un principio, es reivindicada en oposición a una narrativa criolla. Huamán, luego de hacer un recuento de las posteriores publicaciones que surgieron en respuesta al primer cuestionamiento, hace una crítica a la falta de un verdadero diálogo –en tanto intercambio, escucha y acuerdo– sobre el tema. Al parecer –arguye el autor– no existe la intención de entenderse y esta característica es también propia de nuestra tradición cultural.

Posteriormente, Jonhatan Mauri, en el artículo “El Mercurio Peruano: Una «Tertulia» política”, describe la aparición de la Sociedad Amantes del País y cómo, luego de su inicio, se produce el ingreso del Mercurio Peruano como su órgano de difusión. De acuerdo con el autor, este periódico intentaba crear una nueva conciencia ideológica nacional, cuya gestación se produce como forma de ubicar al Perú en un sitial específico, en relación a los avances científicos, tecnológicos, etc.; esto como modo de reflejar la realidad del país. Sus principios se encuentran relacionados con los ideales propios de la ilustración, como la libertad y emancipación (ideales que el autor afirma serán validados solo en el sujeto criollo). Asimismo, existe una preocupación por el cultivo de las ciencias positivas, alegando que tanto ellas como las artes deben conducir hacia un objetivo específico: la felicidad. El autor considera positiva la preocupación de los mercuristas por conocer las diferentes dimensiones de la sociedad: economía, demografía, religión, razas y las relaciones entre la plebe y los grupos de poder. El problema se suscita con las constantes censuras del virrey y, por ello, no se publican acontecimientos importantes como la rebelión de Túpac Amaru o escritos en contra de la forma del manejo colonial. En consecuencia, se afirma que las posturas sociales de los mercuristas son moderadas y hasta colaboracionistas con el absolutismo colonial. Esta falta de diálogo con el lector hace que disminuya su público particular. Por ello, se produce un viraje en las reproducciones, se dejan los intentos de publicar algo que atente el orden establecido y, con ello, se produce la desaparición del periódico.

El artículo que continúa es “Heterogeneidad e indigenismo ¿debate o discurso monológico?” de Laura Gómez. En él se centra la atención en la polémica surgida en la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, que se da entre Cornejo Polar y Roberto Paoli. El punto crítico del “debate” se ubica en las ideas planteadas por el crítico arequipeño en torno a la heterogeneidad y su relación con la literatura indigenista, en su artículo llamado «El indigenismo y las literaturas heterogéneas»

Luego de dos años, Paoli, estudioso de los fenómenos literarios, critica la noción de heterogeneidad planteada por Cornejo Polar, considerándola como punto esencial del indigenismo. Paoli afirma que no solo ocurre en este tipo de literatura y que, además, no se está tomando en cuenta un factor fundamental: la noción de poder. Luego de una respuesta abierta de parte de Cornejo Polar, la autora refiere que no existió un debate realmente, ya que solo se publicaron dos artículos de respuesta (el primero de De Paoli y la respuesta que le da Cornejo Polar a este), lo cual le permite afirmar que el aparente diálogo termina cayendo en una suerte de monologismo. Si bien es cierto que Cornejo Polar termina planteando una nueva dimensión al concepto de heterogeneidad, el cuestionamiento en torno a las posibilidades de utilizar dicha categoría para comprender otras literaturas se queda en el aire.

En el artículo “El debate en la ciudad letrada”, Fredy Chumbile reflexiona en torno al letrado, su relación con la urbe, con la política y con su papel revolucionario. El autor recuerda el modo en cómo surgió la polémica del indigenismo y las posturas de diferentes académicos frente a dicho fenómeno. A partir de este acontecimiento, surge la siguiente pregunta: ¿quiénes son los encargados de hablar del indio? Chumbile afirma que a partir de esta controversia se generan dos bandos: los que escriben desde la urbe y quienes lo hacen desde el ande. Ambos grupos coincidían en identificar al indio como el centro de lo nacional. No obstante, la separación entre la costa y sierra ha sido la causal de la no consolidación de un discurso unificador. La noción de territorio se consolida y adquiere notoriedad; por ello, los críticos que moraban en la sierra afirmaban que solo quien habita en el ande conoce su situación y puede salir de ella.

Para el autor, la mayor preocupación de la crítica ha derivado en la búsqueda de lo auténtico, lo nacional; sin embargo, la presencia de las dicotomías no es solamente propio de décadas anteriores, sino que –como Chumbile refiere, a propósito de la afirmación de Huamán– también son claras en la actualidad y se manifiestan en el par Vargas Llosa-Arguedas, oposiciones que lo que pretenden no es sino crear distancias y predominios. Asimismo, se hace hincapié en la existencia de un mercado más amplio que privilegia a algunos escritores; ello en detrimento de la calidad literaria del libro. El autor, tomando las ideas de Huamán, avala la existencia de una institucionalidad democrática que no permita ningún tipo de exclusión, práctica propia –esta última– de quienes no buscan entablar un diálogo y en donde se pretende ser dueño de verdades, recurriendo al denominado “ninguneo” que busca desacreditar, sin razones fundadas, el prestigio del adversario ideológico. El objetivo fundamental es la búsqueda de una narrativa que incorpore una tradición mítica y ancestral, para generar, así, una literatura de carácter nacional.

En “Fernando versus Fernando”, cuyo autor es Nielson Rodriguez, se afirma que el debate se inicia con la publicación de un artículo por Fernando Ampuero: “Generación Post: nueva narrativa peruana”. Allí se realiza un recuento de la narrativa actual, así como una lista con nombres de escritores que él considera como parte de dicha generación. Dentro de las características comunes que tienen los escritores que incluye, destacan la individualidad, la edad promedio de cuarenta años, su falta de lineamiento ideológico específico y, la más polémica, en su mayoría todos son limeños. Si bien es cierto, no son las palabras textuales de Ampuero, se puede inferir dicha hipótesis de su afirmación al referir que existe una ausencia de autores provincianos o andinos, así como también al revisar su propio listado. En ese sentido, se puede observar que no hay más de cinco escritores del interior. Por ello, será Fernando Rivera, quien discrepará casi íntegramente con el escritor, considerando que el novelista está lleno de prejuicios y que, probablemente, él no ha leído literatura que se produce en el ande. Nielson Rodríguez –siguiendo la lógica de Rivera– se cuestiona si es que los lectores realmente están familiarizados con las producciones literarias que se gestan fuera de Lima. Luego de un enjuiciamiento, Rodríguez corrobora lo que afirma Huamán, quien plantea la existencia de una identidad nacional que ha podido articular las heterogeneidades de una comunidad imaginada. Posteriormente, Rodríguez sostendrá que el pensamiento de Ampuero es propio de quienes tienen prejuicios en torno a dos ejes: el del lugar del escritor y el prejuicio del tema. Luego de analizar estas variantes, el autor arguye que el novelista llega a presentar un canon sin darse cuenta y concluye que la única labor que nos corresponde como lectores es ponernos a leer más allá de nuestro centro.

En “Una polémica en la república de los 80: la cultura andina”, de Juan Almeyda y Lucía Ramos, se afirma que la Tradición Crítica deviene de un proceso lineal marcado por el solipsismo, ya que no se ha intentado dialogar y concertar, no ha podido adherir a su corpus la tradición de nuestros pueblos y se ha limitado a la tradición extranjera. El artículo problematiza la polémica que se dio en el diario La República, en el año 1986, relacionada con la multiculturalidad y las formas de estudiarlas. Quien inicia el tema problemático será el crítico teatral Alfonso La Torre, que denuncia la presencia de un castellano pobre en relación con la demanda que hizo el grupo teatral MOTIN, en referencia a la crítica teatral y a su modo de traducirla. Por otro lado, surgirán figuras que continuarán con la polémica: Enrique Ballón, Raúl Bueno y Rodrigo Montoya, quienes tomarán una postura particular.

El problema que encuentran los autores del artículo es que cada uno de los discursos es autónomo, es decir, no buscan encontrar un punto de encuentro o concertación. Cada uno cree tener la respuesta al problema y, por ello, no conversan o no consideran necesarios sus aportes. Los artículos brindan opciones sesgadas y desde su perspectiva, ya que ninguno está dispuesto a entender al otro. En ese sentido, los autores se cuestionan en torno al término polémica y terminan por afirmar que la polémica que surge no es por el debate ni diálogo, ya que no existe, sino precisamente por la falta de este.

En “¿Poética de la verdad o la verdad sobre una poética?: Segunda mesa redonda sobre Arguedas”, Miguel Ángel Huamán se interroga en torno a la naturaleza de los diálogos académicos. A pesar de concluir que en todas las universidades existen coloquios, conversatorios, mesas redondas, etc, aquellos formatos parecen promover el intercambio de ideas y el debate, pero no terminan demostrando sino la falta de diálogo. La naturaleza de dichos eventos sirve para que el expositor lea su ponencia, sin que se produzcan discusiones o preguntas. Luego de esta reflexión, el autor dirige su mirada hacia el encuentro Todas las sangres (1965), organizado por el INC, que afirma fue un fracaso. La mesa redonda terminó siendo un enjuiciamiento al escritor José María Arguedas, ya que se le acusaba de no reflejar en sus novelas la realidad social y cultural del país. Solo Alberto Escobar hizo un intento por defenderlo, pero fue en vano. Cuarenta y seis años después, se convoca por medio de las instituciones estatales representantes de la cultura a un nuevo encuentro que tiene como fruto un libro poco usual. El autor cuestiona el porqué de la no invitación a ningún estudioso de la literatura para hablar de la importancia que tiene Arguedas. Asimismo, afirma que este acontecimiento pone en evidencia un tipo de política relacionada a la promoción cultural, que solo suscita lo relacionado al espectáculo, pero no toma en cuenta el incentivo de una conciencia crítica que genere diálogo. Por ello, el profesor sanmarquino afirma que la publicación del libro resulta paradójicamente valiosa, porque evidencia la tensión que determina nuestra representación simbólica, así como la perentoriedad de una conciencia crítica que propicie un cambio en el camino de instaurar una tradición de diálogo y tolerancia.

Ahora bien, la importancia de estos artículos-ensayos radica en que permite el conocimiento de las nuevas voces interesadas en los estudios de la realidad y la historia de la crítica literaria en el Perú. No se trata solamente de un recuento de los acontecimientos suscitados en torno a un tema polémico en la historia de la crítica literaria, sino de cómo las nuevas generaciones instan a repensar la labor de la crítica ejercida en el Perú. Lo primordial es, precisamente, que la publicación de los textos permita al lector reparar que en los estudios literarios existe una carencia de diálogo, y, más que respuestas, permite generar preguntas y cuestionamientos para que, así, se puedan establecer reflexiones críticas con ánimos de debatir y dialogar.

© María Alejandra Mory Rosas
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Lima, Perú
alejandramory@gmail.com