ENTREVISTA A DORIAN ESPEZÚA SALMÓN
“LA POSMODERNIDAD NOS ENSEÑÓ QUE LA COHERENCIA LO AGUANTA TODO"

© Sergio Luján
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Lima, Perú
sergiomdc9@gmail.com
© María Alejandra Mory Rosas
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Lima, Perú
alejandramory@gmail.com

Dorian Espezúa Salmón es actualmente profesor del Departamento de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde también obtuvo su doctorado. Dentro de su producción académica encontramos varios artículos publicados en distintas revistas especializadas tanto nacionales como extranjeras; asimismo, es autor de los siguientes libros: Entre lo real y lo imaginario: una lectura lacaniana del discurso indigenista (2000), Todas las sangres en debate. Científicos sociales versus Críticos literarios (2011), Las consciencias lingüísticas en la literatura peruana (2017), Parkinson, alzheimer y literatura (2017), Perú chicha. La mezcla de los mestizajes (2018)y Churata desde el Sur (2019). Además, ha merecido el Premio Nacional de Educación Horacio 1998 y el Premio Nacional de Ensayo Federico Villarreal 1999. Su línea de investigación se centra en la teoría literaria.

En un artículo suyo titulado “Literaturas periféricas y crítica literaria en el Perú”, que apareció el año 2002 en la revista Ajos & Zafiros, usted vuelve a hacer hincapié en lo que Cornejo Polar afirma en su libro Escribir en el aire (1994) sobre la inexistencia de una verdadera teoría literaria latinoamericana. Actualmente disponemos de ciertas categorías ―aparte de los aparatos teóricos occidentales― para poder enfrentarnos a un texto literario. Sin embargo, pese a que dichas categorías no son estrictamente literarias, sino que han sido el resultado de un diálogo interdisciplinario, ¿cómo evalúa usted la interdisciplinariedad que se viene practicando desde hace décadas dentro del panorama de la crítica literaria peruana? ¿Es una entrada plausible y viable para el abordaje de los textos literarios?

No me opongo a los estudios inter o multidisciplinarios siempre y cuando se hagan dialogar a las disciplinas involucradas; me opongo a que la inter o multidisciplinariedad sea el pretexto para construir discursos coherentes con indisciplina, sin rigor académico. En ese sentido, me parece que el requisito previo para hacer estudios inter o multidisciplinarios es la formación académico-científica del investigador en una disciplina de base que le permita asimilar los aportes de otras disciplinas para el esclarecimiento del tema a investigar. El proyecto latinoamericano de los años 70 que buscó formular una teoría literaria latinoamericana tuvo más errores que aciertos justamente porque olvidó que la disciplina base era los Estudios Literarios. Al ampliar el corpus de lo que se entiende por texto literario integrando todo tipo de texto de la cultura, se asumió una perspectiva inter o multidisciplinaria. Sin embargo, por hacer estudios inter o multidisciplinarios de todo texto cultural, se olvidó hacer estudios sobre textos literarios en particular. De modo que un estudio de textos de la cultura da, inevitablemente, como resultado una teoría cultural que es inter o multidisciplinaria. No de otra manera se entienden las categorías transculturación, heterogeneidad, hibridez, ciudad letrada, comarca oral y otras que, en buena cuenta son, categorías provenientes de las ciencias sociales adaptadas para dar cuenta de lo socio-cultural que está transcrito en un texto literario.

En el mismo artículo usted habla de categorías y conceptos «nómadas», tomando como referencia su naturaleza y su capacidad de poder desplazarse y ser utilizados en otras disciplinas ajenas a su matriz originaria. Por otro lado, en su libro Parkinson, Alzheimer y Literatura (2017), postula que para el desarrollo de una interdisciplinariedad pertinente es necesario que la persona ―en este caso el crítico― se encuentre formada en las disciplinas que pone en diálogo, o al menos que posea más que un conocimiento epidérmico de ellas (como bien lo señaló), situación que, en la práctica, no se cumple. En tal sentido, los denominados Estudios Culturales muchas veces pecan de utilizar un marco teórico para todo texto que se les presente, así como interpretaciones que escapan de lo literario, valiéndose de la literatura como una plataforma que ratifique lo que quieren demostrar. ¿Ve usted un saldo de sentido nocivo y deformatorio de dichos estudios con respecto a la literatura? De ser así, ¿en qué modo se daría?

Los conceptos nómades provienen de una disciplina y se adaptan sin perder su rigor epistemológico a otras disciplinas. Lo que no se debe hacer es utilizar el concepto como le da la gana al culturalista sin respetar su naturaleza y sentido. Creo que los Estudios Culturales parten de dos premisas insostenibles. La primera es que no hay mayor diferencia estética entre una novela de Vargas Llosa y el libro de Magaly Medina. La novela vargasllosiana ―diría el crítico brasileño Antonio Cândido― es una obra “estéticamente válida”, el texto de la comunicadora es, para ser muy generoso, estéticamente discutible. Para resumir las cosas, el arte es artesanía y la artesanía es arte. Si hacer arte, escribir una novela estéticamente válida, componer una sinfonía o pintar un bodegón al óleo es lo mismo que exhibir las botellas de gaseosa en una galería, escribir un chiste o una receta de cocina, contar una vida o acontecimiento extraordinario, escribir en verso lo que no es poesía, pintar en las calles lemas de los hinchas de un club, entonces todos hacen arte y deben ser reconocidos como artistas, poetas y novelistas. Los Estudios Culturales democratizan el arte que por definición es singular y único. La segunda premisa es que cualquiera puede opinar sobre el arte. Claro, cualquiera que experimente el arte puede tener una opinión empírica sobre el arte, pero hay un tipo de arte que reclama la opinión de un especialista. Eso ocurre precisamente con la crítica literaria que debe estar a cargo de un transductor. Me parece que los Estudios Culturales o son un campo transdisciplinario donde un investigador domina varias disciplinas de las cuales extrae los conceptos o categorías para explicar el fenómeno cultural, o son estudios antidisciplinarios donde no se respeta el rigor metodológico de cada una de las disciplinas. Solo es posible hacer Estudios Culturales con un equipo de especialistas de varias disciplinas que hagan dialogar sus respectivos campos.

En el libro que se ha citado hace un momento, usted alude a los postulados de la posmodernidad y los cuestiona en tanto apelan a la relativizacion del conocimiento científico humanístico. No obstante, también afirma que existen aportes, aunque mínimos, que han contribuido al fortalecimiento de los Estudios Literarios. ¿Podría mencionar cuáles serían dichos aportes?

Para relativizar el discurso y decretar la muerte de los metarrelatos, la posmodernidad desarrolló metodologías de análisis del discurso que sirvieron para negar la verdad, la objetividad o el significado del discurso para que nadie pueda reclamar a nombre de la verdad; para que nadie pueda hablar con objetividad porque todo discurso es subjetivo y no hace referencia a lo real; para que nadie pueda testificar porque los significantes carecen de significado; para que el subalterno no pueda hablar. La posmodernidad asumió que todo es lenguaje y que los problemas a discutir son problemas de lenguaje. No consideró que sin una confianza en la capacidad comunicativa del lenguaje es imposible que el conocimiento se transmita y que la ciencia avance. Nunca antes se perfeccionó tanto el análisis del discurso como para deconstruir sus “centros” o fundamentos. La posmodernidad enuncia un discurso paradójico porque establece la verdad de que no hay verdad, porque define que no hay definición de nada, porque enuncia con el lenguaje desconfiando del lenguaje, porque confía en los significados para argumentar que no hay significado. La posmodernidad nos enseñó que la coherencia lo aguanta todo.

Por otro lado, ha pasado ya un poco más de una centuria desde la aparición de los postulados de los formalistas rusos. Menciono esto porque fueron ellos quienes se interesaron en lo estrictamente literario, es decir, su análisis se focalizaba y priorizaba al texto como objeto de estudio de la literatura, dotándola de ropajes científicos. Asimismo, usted afirma que “la Literatura como ciencia tiene que dar cuenta de los elementos comunes y constantes a todos los textos literarios (…) si es que quiere ser considerada como una ciencia” (p. 33). ¿Cuáles serían esos elementos comunes que debería tener para conseguir dicho rótulo?

Creo que debemos retomar la agenda de los formalistas rusos corrigiendo sus errores y superando las limitaciones. Los formalistas se opusieron al biografismo, al historicismo, al sociologismo, al impresionismo e intentaron hacer estudios inmanentes del texto literario cuando no se puede desligar el texto del sujeto productor llamado autor que se ubica en un tiempo y espacio cultural que lo envuelve y genera su producción textual. El formalismo-contextualista de hoy debe oponerse a la consideración de que todo texto es o puede ser literario y debe resguardar el campo de los Estudios Literarios que está en peligro de disolverse. Desde mi punto de vista, un texto literario debe tener por lo menos tres características que a saber son: 1. La escritura fonético-fonológica que permite un trabajo sintagmático y paradigmático donde se afina la expresión escrita a través de la segunda articulación del lenguaje. Esto implica asumir una diferencia sustancial entre un lenguaje desautomatizado o extrañado conocido como lenguaje literario y un lenguaje cotidiano que, aunque esté lleno de metáforas, es un lenguaje connotativo porque las metáforas están lexicalizadas, es decir, funcionan como simples palabras o son metáforas muertas. 2. La ficción, o más precisamente, como dice Tomás Albaladejo, los modelos de mundo ficcional y ficcional inverosímil. El primero permite representar un mundo, que se rige de acuerdo a las leyes y principios que rigen el mundo real, donde personajes, acciones y escenarios no tienen correlato homológico en el mundo real porque no son existentes reales y sí existentes textuales. El segundo modelo de mundo es similar al primero con la diferencia de que se violan una o más leyes o principios que rigen el mundo real, produciendo un mundo fantástico. En ese sentido, conviene recordar que todo texto constitutivamente literario es ficcional. 3. El trabajo estético que elimina de plano los discursos improvisados y no trabajados que pasan por literarios. El trabajo estético está vinculado directamente a la pericia o competencia del sujeto operador de texto literario que debe producir una obra estéticamente relevante.

Dentro de la propuesta que plantea para «redireccionar» los Estudios Literarios afirma que se debería empezar por definir lo que implica el término “literatura” ―tomando también la idea de Jesús Maestro― y para ello recurre a tres elementos característicos que podrían definirlo ontológicamente: la ficción, la escritura y la elaboración estética. En ese sentido, cabría preguntar lo siguiente: ¿Considera que estas características responden necesariamente a condiciones históricas y que por tanto pueden ser variables antes que fijas? ¿Si no son fijas, podría cambiar, por tanto, la noción de literatura que usted plantea? Recordemos, por ejemplo, el nacimiento de la literatura y su relación con la oralidad.

Un texto constitutivamente literario será considerado literario siempre. No hay razones para pensar que El Quijote de Cervantes, Trilce de Vallejo, Rayuela de Cortázar, Rojo y Negro de Stendhal o Las flores del mal de Baudelaire, dejarán de ser consideradas obras literarias. Serán literatura siempre porque trascienden el “horizonte de expectativas” de los lectores que pueden estar ubicados en tiempos y espacios distantes. La buena literatura no depende de la Teoría del Efecto Estético porque produce obras de arte. En consecuencia, hay o debe haber una definición ontológica de la literatura. Yo no sé por qué se le teme tanto a los esencialismos. En cambio, los textos condicionalmente literarios sí dependen de la recepción justamente por ser discutiblemente literarios. Aquí entrarían textos como la Autobiografía de Gregorio Condori Mamani, las crónicas del periodo colonial o la mal llamada “literatura oral”. Para este corpus, la definición de literatura es histórica y cultural. Respecto de la oralidad opino que no es lo mismo sostener que la literatura nació oral que sostener que la oralidad es un antecedente de la literatura. Los poemas homéricos son literatura a partir del trabajo de recopilación, ordenamiento y estructuración que hicieron los sabios de Alejandría. Todas las versiones no escritas, anteriores al establecimiento del texto, son antecedentes o fuentes de la literatura. Lo mismo se puede decir de las tradiciones orales o cuentos populares que los hermanos Grimm convirtieron en literatura o de las fuentes orales del Fausto de Goethe. Como ha demostrado Nécker Salazar, la narrativa de Ciro Alegría no sería posible sin la tradición oral. Una aclaración final: he leído a Jesús Maestro y no concuerdo plenamente con él. No soy sacerdote de ningún dogma.

Quisiera reparar en textos singulares como los diarios o por ejemplo ciertos libros que contienen dichos, aforismos, reflexiones o fragmentos ficcionales inconclusos. Cada uno de ellos se gesta en un contexto occidental y ajeno al nuestro, es decir, anclado en un imaginario y una tradición distintas; sin embargo, encontramos en el Perú a autores que también han escritos diarios, como el caso del prolífico Alberto Hidalgo o el mismo Julio Ramón Ribeyro. Si nos centramos en la figura del segundo, encontramos un libro bastante peculiar dentro de nuestra literatura; me refiero a Prosas apátridas. ¿Este singular texto es o, más bien, puede ser considerado como literatura? ¿Por qué?

He repetido muchas veces que, desde el punto de vista posmoderno que relativiza todo, cualquier texto de la cultura puede ser considerado literario. En sentido estricto, un diario es un discurso diccional, es decir, un texto de no ficción. Por consiguiente, no sería un texto constitutivamente literario. Ahora bien, hay que tomar en cuenta que la literatura puede naturalizar cualquier texto diccional incorporándolo al mundo diegético y que muchos de los géneros de no-ficción pueden ser, en realidad, discursos ficcionales. Creo que Prosas apátridas es un texto condicionalmente ficcional porque no reúne fehacientemente las tres características que he mencionado.

Dentro de la disciplina literaria encontramos a la historia, la crítica y la teoría. La primera entra en diálogo con dicha ciencia homóloga para poder situar y periodificar la literatura que se gesta en diversos contextos; la crítica, por su parte, se encarga del abordaje de los textos literarios con las herramientas que la teoría debiera proveerle. Sin embargo, existe una falencia grave dentro de los Estudios Literarios peruanos debido a que nos hemos dedicado a importar aparatos teóricos que no responden a nuestros contextos. Siguiendo esta lógica, es casi imposible encontrar un artículo en cualquier revista académica que no emplee herramientas foráneas para analizar un corpus latinoamericano o, en su defecto, peruano. Es verdad que se puede hablar de cierta aclimatación y adecuación de algunas teorías, pero ello nos convertiría en simples «aplicadores creativos» de modelos otros. En respuesta a ello, lo ideal sería tener un esqueleto teórico propio que dialogue y responda a nuestro contexto, es decir, que se geste desde este lado del mundo. ¿Cuál es la traba que impediría la construcción de un aparato teórico que tenga su anclaje en lo latinoamericano? ¿Qué opinión le merece el análisis de los textos literarios con categorías andinas como tinkuy, pachacuti, wakcha, yanantin, entre otras?

Si las herramientas foráneas sirven para explicar los textos latinoamericanos, entonces debemos servirnos de ellas. Dada nuestra pobreza teórica, nos conviene ser antropófagos que tragamos de todo, digerimos lo que nos alimenta (y también lo que nos hace daño) y botamos de nuestro organismo lo que no nos es útil. Por otro lado, se están incorporando erróneamente nociones y conceptos que explican la cosmovisión andina, pero que no explican la literatura andina. Muchos licenciados en literatura creen hacer teoría literaria andina cuando proponen usar estas nociones, pero lo que en realidad hacen es una antropología de y en los textos literarios. Las principales trabas para la construcción del aparato teórico latinoamericano son: no trabajar con un corpus de textos constitutivamente literarios por darle cabida a cualquier texto cultural y utilizar categorías culturales para explicar la literatura. Eso ocurre con las nociones de tinkuy, pachacuti, wakcha, yanantin que sirven para explicar el contenido antropológico de un texto literario sin siquiera rozar sus aspectos literarios

El año pasado se publicó su libro Perú chicha. La mezcla de los mestizajes. Sin embargo, el año 2009 sale a la luz un artículo suyo titulado “¿Cultura chicha?” en la revista Crónicas Urbanas, donde aborda y teoriza sobre «lo chicha» a nivel de cultura, sujeto y discurso. Es innegable no remitirnos a categorías como «transculturación», de Ortiz y Rama; «hibridez», de García Canclini o «totalidad contradictoria», «heterogeneidad» y «sujeto migrante», de Cornejo Polar. Asimismo, usted sostiene que lo chicha “es un fenómeno integrador pero este fenómeno no implica la anulación de las diferencias” (p. 103, énfasis nuestro). Dicha articulación o integración, según lo que postula, resulta de un proceso tensional, motivo por el que, por ejemplo, el sujeto migrante es distinto del chicha; o, mejor dicho, se posiciona como un estadio inicial para lo chicha. No obstante, ¿la vanguardia indigenista, acaso, no daba cuenta de tal fenómeno integrador? ¿No mostraba, en su naturaleza, a dos frentes culturales en tensión y despojados de un mestizaje feliz y armónico? Un ejemplo meridiano lo desliza Cornejo Polar en su libro La formación de la tradición literaria en el Perú (1989), donde analiza brevemente el poema “Telúrica y magnética” de Vallejo.

Carlos García-Bedoya me ha hecho la observación de que yo, siendo un crítico de los Estudios Culturales de filiación norteamericana, he escrito el libro más importante de Estudios Culturales que él haya leído. Para él, son tres los libros que permiten comprender los cambios socio-culturales del Perú contemporáneo: el libro de Aníbal Quijano sobre la cholificación, el libro de José Matos Mar sobre la migración y mi libro Perú chicha. He definido lo chicha como la mezcla de los mestizajes porque no son dos o tres las matrices culturales que se hibridan. Se mezclan todas las prácticas culturales de todas las matrices produciendo nuevas y desconcertantes manifestaciones culturales. En ese sentido, lo chicha supera el paradigma de la cholificación y es producto de los procesos migratorios. No se trata simplemente de que se mezcle lo negro, lo indio o lo español; se trata de la mezcla del cholo con el mulato cuyos hijos se mezclan con los “chinos” y los amazónicos, del norte con el oriente, del sur con el centro, de todas las combinaciones posibles. La vanguardia indigenista integra dos matrices culturales bien marcadas: la indígena serrana y la occidental. No toma en cuenta a la amazónico, ni a lo afro, ni a lo nikkei, ni a lo tusan. No existe una vanguardia que haya integrado todas las tradiciones culturales que existen en el Perú.

Si regresamos a los Estudios Culturales, podemos decir que estos ofrecen una apertura muy amplia (casi sin barreras o límites) y, por consecuencia, un ensanchamiento del cauce de «lo literario». Tenemos también, por otro lado, a los estudios contenidistas, es decir, aquellos que se remiten únicamente a lo que el texto dice sin prestar atención a las demás capas de sentido que presenta, como por ejemplo la cosmovisión planteada. En tal sentido, ¿qué es lo que nos podría aportar un estudio contenidista dentro de la crítica literaria, teniendo en cuenta que, por ejemplo, ya se ha dejado de lado ―al menos en gran parte― los estudios biografistas o impresionistas? ¿Cree usted que se ha superado un abordaje contenidista por parte de la crítica de turno en el Perú?

Un texto literario se caracteriza ―hemos dicho― por su elaboración estética y eso significa trabajar con el lenguaje y con las estructuras formales del género que se elija. Por eso se dice que en literatura es más importante el cómo se expresa el contenido que el contenido expresado de cualquier forma. No es el tema lo que hace que un texto sea literario porque no hay temas literarios; no es el tema peruano lo que hace que la literatura peruana sea peruana; lo importante es que sea literatura por su trabajo formal. Lo que sucede hoy es que la crítica se fija en la historia y no en el discurso, en las ideologías y no en las estructuras, en los contenidos y no en las formas. Entonces, se investigan temas como la nación, el indio, la mujer, el sujeto subalterno, la ciudad, etc., como si los temas fueran determinantes y exclusivos de la literatura. Es importante el qué y también es importante el cómo. Si reducimos el texto literario a los contenidos, le estamos restando la parte estética relacionada con la forma que implica un tratamiento del tema; si nos fijamos solo en los temas convertimos el texto literario solo en un documento histórico, antropológico o sociológico y nos olvidamos de sus cualidades artísticas. La valoración de un texto literario depende, en su mayor porcentaje, de los aspectos formales.

Es clara su preocupación por las direcciones que están tomando los Estudios Literarios en el Perú, específicamente desarrolla su preocupación analizando las escuelas de Literatura que existen en el país. Cabría preguntarse, entonces, si este fenómeno de “pérdida del horizonte” ―como usted lo afirma― es propio del Perú o Latinoamérica o, más bien, responde a una realidad global en el que se ubican los Estudios Literarios. ¿De ser así, por qué no pensar, más bien, en términos de evolución?

El repliegue de las humanidades se ejemplifica con el repliegue de la literatura entendida como disciplina y no como creación. Ha desaparecido el curso de literatura de los programas de estudio de colegios y universidades. La literatura está desapareciendo. ¿Qué tiene que ver eso con la evolución? Si los discursos orales han evolucionado hasta hacerse literatura, entonces ha dejado de ser discursos orales. Lo mismo se puede decir de la “evolución” literaria por cuanto esta puede dejar de ser literatura para transformarse por ejemplo en hipertexto o en cibertexto. En ese caso, la literatura sería una práctica artística pre-cibernética relacionada con una tecnología de representación arcaica. Pero los discursos orales, como la literatura, no han desaparecido por lo que todavía podemos hablar de ellos en tiempos de cibertextos. El problema está en que los Estudios Literarios prestan más atención a textos que no son literarios o que son discutiblemente literarios, en vez de ocuparse por textos literarios. De modo que les hemos dado el pretexto adecuado para que nos diluyan en los cursos de comunicación en general.

Cuando afirma que los estudios de género y los enfoques culturalistas son antidisciplinarios, toma en cuenta el aporte de estos en la incorporación al corpus de textos que son constitutivamente literarios ―en términos de Genette― que antes no habían sido tomados en cuenta precisamente por la invisibilización de los grupos minoritarios. Un claro ejemplo de ello serían las escritoras del siglo XIX. ¿A qué cree que se deba dicha dinámica que se basa en soslayar ciertas obras? ¿Cómo ve el panorama actual con respecto a ello? Por otro lado, ¿qué sucede con la crítica literaria en provincias que es asfixiada la mayoría de las veces por el centralismo limeño?

Claro que es un aporte que se integren obras constitutivamente literarias al corpus de la literatura del siglo XIX y mejor si son escritas por mujeres o por miembros de grupos minoritarios. Temo que se está haciendo otra cosa, es decir, se está valorando el rol o la performance de las escritoras en el campo cultural predominantemente masculino del siglo XIX. De manera que hacemos historia de las mentalidades o sociología de la literatura desde perspectivas inter o multidisciplinarias. Es incuestionable el mérito intelectual de estas mujeres que pelearon por la igualdad de derechos. Lo que me preocupa es que no se investigue sobre sus aportes, méritos o cualidades literarias de sus textos. Por privilegiar los estudios sobre las ideologías en juego dentro del campo intelectual del siglo XIX, se descuida el estudio de los textos literarios. En este momento, por ejemplo, está claro cuál es la valía de Clorinda Mato de Turner como intelectual mujer, pero no está esclarecido del todo cuál es el valor literario de sus novelas. Así, se privilegia a la intelectual, pero se descuida a la novelista. Lo mismo sucede con la deficiente crítica literaria provinciana que valora a un escritor por registrar lo pintoresco, exótico o folklórico de su región sin fijarse en las cualidades literarias de sus obras. Lamentablemente, el rescate literario o la valoración de un escritor provinciano sigue haciéndose desde el centralismo limeño.

La profesora Susana Reisz es autora de un libro importante dentro de los Estudios Literarios, titulado Teoría Literaria. Una propuesta (1986), donde esboza muchos lineamientos cardinales en clave siempre de una teorización literaria. En ese sentido, ¿qué rol ocuparía la profesora Reisz dentro de las interminables aproximaciones teóricas? ¿Considera que es un libro que merece ser reexplorado en estos tiempos donde la posmodernidad ingresa de manera violenta y la literatura va perdiendo ciertos límites fijos?

Me parece que es el único texto que se arriesga a plantear una teoría literaria. Ese libro no ha sido superado por otra propuesta que diga “esta boca es mía”. Lo que vino después son manuales, recopilaciones, visiones sesgadas, repeticiones de modelos teóricos que tienen como meta difundir los desarrollos teóricos. Espero que la Dra. Reisz se anime por una reedición corregida y aumentada.

Finalmente, profesor Dorian, usted es coautor de un último libro titulado Churata desde el Sur (2019), que recopila ensayos en torno a la figura de Arturo Peralta, que en las últimas décadas ha sido redescubierto y sigue siendo explorado desde distintas ópticas. ¿Tiene alguna otra publicación en mente?

Me estoy tomando un tiempo para pensar, para procesar, para tomar notas, para dialogar. Ya no me interesa seguir modas epistemológicas ni hacer carrera académica publicando regularmente un artículo o un libro. Ya veré después lo que hago.